Mars y sus marcas

Mars: la historia del imperio familiar detrás de M&M’s, Snickers, Wrigley y Pedigree

La historia de Mars comienza lejos de la imagen actual de una corporación multinacional. Antes de convertirse en dueña de marcas como M&M’s, Snickers, Twix, Pedigree, Whiskas, Royal Canin, Orbit, Extra o Pringles, fue el emprendimiento doméstico de un hombre que fabricaba dulces en pequeña escala y buscaba abrirse paso en el competitivo mercado estadounidense de golosinas.

De una cocina familiar a una empresa global

Franklin Clarence Mars, más conocido como Frank C. Mars, nació en Minnesota en 1883. Su relación con el chocolate empezó temprano: su madre le enseñó a bañar dulces a mano, una habilidad artesanal que luego se transformaría en la base de un negocio familiar. En 1911, desde Tacoma, Washington, Frank comenzó a vender caramelos de crema de manteca hechos en su propia cocina. A simple vista era un negocio modesto, pero contenía algunos de los elementos que luego definirían a la compañía: productos simples, producción repetible, atención al gusto popular y capacidad para convertir una golosina en una marca.

El verdadero salto llegó en la década de 1920, cuando Frank trasladó su actividad a Minneapolis y desarrolló nuevas barras de chocolate. En 1923 apareció Milky Way, inspirada en la idea de llevar el sabor de una malteada a una barra compacta. Aquella innovación no era menor: combinaba placer, practicidad y precio accesible en un formato ideal para el consumo masivo. En una economía estadounidense que crecía, urbanizaba sus hábitos y consolidaba redes modernas de distribución, Mars encontró un espacio perfecto para expandirse.

Milky Way, Snickers y la construcción de una marca nacional

Milky Way fue el primer gran éxito de la empresa. Su atractivo estaba en ofrecer una experiencia cercana a la de una bebida de malta, pero en un producto barato, transportable y fácil de vender en comercios de todo el país. En pocos años, la compañía pasó de ser un emprendimiento familiar a una firma con ambiciones nacionales.

En esa primera etapa, Mars también tuvo una relación importante con Hershey, que suministró chocolate para algunas de sus barras. El dato es significativo porque muestra que la joven empresa todavía dependía de proveedores externos para sostener su crecimiento. Con el tiempo, Hershey y Mars terminarían enfrentadas como competidoras centrales de la industria estadounidense del chocolate, pero al comienzo sus historias estuvieron más conectadas de lo que suele suponerse.

En 1930 llegó Snickers, una barra con maní, caramelo, nougat y chocolate que se transformaría en uno de los productos más exitosos de la compañía. Dos años después apareció 3 Musketeers, reforzando la presencia de la empresa en el mercado de golosinas. Mars no estaba creando simplemente dulces populares: estaba aprendiendo a fabricar marcas de consumo masivo, con fórmulas estables, nombres memorables y distribución cada vez más amplia.

Forrest Mars, hijo de Frank, se sumó al negocio familiar durante esa etapa de crecimiento. Trabajó junto a su padre en los años en que la compañía consolidaba sus primeras barras exitosas, pero las diferencias entre ambos terminaron separando sus caminos. Forrest quería una empresa más expansiva e internacional; Frank prefería avanzar desde el mercado estadounidense. Finalmente, Forrest se fue a Inglaterra, fundó su propio negocio y allí lanzó la barra Mars, una experiencia que más tarde sería importante para la proyección global del grupo.

M&M’s, Hershey y la guerra

Uno de los grandes momentos de la historia de Mars llegó durante la Segunda Guerra Mundial. Después de su experiencia empresarial en Europa, Forrest Mars fundó M&M Limited en Newark, Nueva Jersey. Para desarrollar el producto se asoció con Bruce Murrie, hijo de un ejecutivo de Hershey. De esa unión surgió el nombre M&M’s: Mars y Murrie.

La relación con Hershey fue importante porque ayudó a asegurar el acceso al chocolate en un momento difícil para la industria alimentaria. En plena guerra, con materias primas sujetas a restricciones y prioridades militares, ese respaldo volvió más viable la producción a escala de una nueva golosina.

En 1941 comenzaron a producirse los primeros M&M’s de chocolate para el ejército estadounidense. Su ventaja era evidente: pequeños bocados de chocolate recubiertos por una capa dura que resistía mejor el calor y el transporte. En una guerra global, donde los alimentos debían ser prácticos, duraderos y fáciles de distribuir, M&M’s encontró una utilidad concreta.

Terminada la guerra, la marca se lanzó al público general y se convirtió en una de las golosinas más reconocibles del mundo. Más adelante, cuando Forrest volvió a ocupar un lugar central en Mars, M&M’s quedó incorporada al gran portafolio familiar y se transformó en uno de los motores de crecimiento de la compañía. Mars no solo vendía chocolate: lo adaptaba a los nuevos hábitos de una sociedad cada vez más móvil, urbana y acostumbrada al consumo masivo.

El negocio de las mascotas: de línea secundaria a pilar estratégico

Durante su etapa en Inglaterra, Forrest Mars también ingresó en un negocio que parecía alejado del chocolate. En 1935 compró Chappel Brothers, fabricante de Chappie, una comida enlatada para perros. Con ese movimiento, Mars dio su primer paso en el mercado de alimentos para mascotas, una línea que décadas después se convertiría en uno de los grandes pilares de la compañía.

La apuesta fue creciendo durante la segunda mitad del siglo XX. En 1954, la empresa lanzó en el Reino Unido una comida para perros que luego se conocería como Pal. En 1958 apareció Whiskas, orientada al mercado de comida para gatos. Con los años, Mars desarrolló y adquirió marcas que le dieron presencia global en nutrición animal.

La adquisición de Royal Canin en 2002 reforzó ese camino. Royal Canin, nacida en Francia, tenía una posición diferente dentro del sector: no era solo alimento masivo para mascotas, sino nutrición especializada, con fórmulas adaptadas a razas, edades, tamaños y necesidades específicas. Esa lógica conectaba con una tendencia de largo plazo: la humanización de las mascotas y el crecimiento del gasto familiar destinado a perros y gatos.

Mars tampoco se quedó únicamente en vender alimento. En 1994 comenzó su inversión en Banfield Pet Hospital, y luego amplió su presencia en clínicas veterinarias, hospitales, diagnóstico animal y servicios de salud para mascotas. Con VCA, BluePearl, AniCura, Antech y otras redes, la compañía construyó un ecosistema que va desde la nutrición hasta la atención médica.

Para Mars, el negocio de mascotas significó mucho más que diversificación. Le permitió entrar en un mercado de consumo recurrente, fuerte lealtad de marca y demanda relativamente estable, incluso en contextos económicos difíciles. Con el tiempo, esa línea dejó de ser secundaria y pasó a convertirse en uno de los grandes motores del grupo.

Wrigley y el liderazgo mundial en golosinas

En 2008, Mars dio uno de los golpes empresariales más importantes de su historia con la adquisición de Wm. Wrigley Jr. Company, la histórica firma de chicles detrás de marcas como Juicy Fruit, Spearmint, Doublemint, Orbit y Extra. La operación convirtió a Mars en un actor dominante no solo en chocolate, sino también en chicles, caramelos y confitería en sentido amplio.

La compra de Wrigley fue estratégica por varias razones. Sumó marcas globales, fortaleció la distribución internacional y equilibró el portafolio entre chocolate, goma de mascar y otros productos de impulso. Además, Wrigley tenía una cultura comercial muy poderosa, construida desde fines del siglo XIX sobre publicidad, presencia minorista y venta repetida.

Con esta adquisición, Mars dejó de ser simplemente la empresa de Snickers y M&M’s para convertirse en una potencia integral del snacking. En un mundo donde supermercados, kioscos, estaciones de servicio y tiendas de conveniencia se transformaron en escenarios decisivos para la compra impulsiva, tener un portafolio amplio era una ventaja competitiva enorme.

Mars de un chocolate a un emporio de marcas

Kellanova y la nueva escala del snacking

El movimiento reciente más importante fue la adquisición de Kellanova, la compañía surgida de la reorganización de Kellogg y dueña de marcas como Pringles, Cheez-It, Pop-Tarts, Rice Krispies Treats, RXBAR y Kellogg’s en mercados internacionales. Mars anunció el acuerdo en 2024 y completó la compra en diciembre de 2025, luego de recibir las aprobaciones regulatorias necesarias.

La operación marcó un cambio de escala. Con Kellanova, Mars reforzó su apuesta por el snacking global y sumó marcas de enorme reconocimiento en categorías donde antes tenía menor presencia: papas apilables, galletas saladas, barras, cereales, productos dulces y alimentos de consumo rápido. Es una forma de adaptarse a hábitos modernos: comidas fragmentadas, consumo fuera del hogar, compras impulsivas y preferencia por marcas reconocibles.

También refleja una tendencia más amplia de la industria alimentaria: la concentración. Las grandes empresas buscan portafolios capaces de negociar mejor con supermercados, cadenas internacionales y plataformas de distribución. Cuantas más marcas fuertes posee una compañía, mayor es su poder para ocupar góndolas, sostener precios y lanzar productos en varios mercados al mismo tiempo.

Una empresa privada en una economía de gigantes públicos

Uno de los rasgos más singulares de Mars es que siguió siendo una empresa privada y familiar. A diferencia de muchas grandes compañías de alimentos que cotizan en bolsa, la familia conservó el control y mantuvo una cultura empresarial marcada por la reserva, la reinversión y la planificación de largo plazo.

Esa estructura ayuda a explicar buena parte de su historia posterior. Mars pudo crecer sin la exposición constante de los mercados financieros y sin la presión trimestral de accionistas externos. Esa privacidad también construyó parte de su mito: una compañía enorme, presente en millones de hogares, pero mucho menos visible institucionalmente que Coca-Cola, Nestlé, Mondelez o Hershey.

La reserva no impidió la expansión. Al contrario, Mars desarrolló una lógica muy eficaz: construir marcas fuertes, mantener una producción disciplinada y avanzar hacia categorías donde pudiera aprovechar su experiencia en alimentos, empaquetado, distribución y consumo recurrente.

Críticas y desafíos

La historia de Mars no está libre de tensiones. Como toda gran empresa de alimentos, enfrenta críticas vinculadas al azúcar, la salud pública, el marketing, la sostenibilidad del cacao, el uso de envases y la concentración empresarial. La industria del chocolate, en particular, arrastra debates históricos sobre las condiciones de los productores de cacao en África occidental, la trazabilidad de las cadenas de suministro y el ingreso de los agricultores.

Mars ha desarrollado programas de sostenibilidad, compromisos climáticos y políticas de abastecimiento responsable, pero el desafío es estructural. Una empresa de semejante escala depende de cadenas agrícolas complejas, mercados globales volátiles y millones de consumidores que, al mismo tiempo, reclaman precio, sabor, disponibilidad y responsabilidad ambiental.

En el área de mascotas, el crecimiento también trae preguntas. La expansión hacia hospitales veterinarios y diagnóstico animal convierte a Mars en un actor de enorme influencia sobre la salud de los animales domésticos. Ese modelo integrado puede generar eficiencia e inversión, pero también despierta debates sobre concentración, precios y poder de mercado en servicios veterinarios.

Legado: el imperio discreto de Mars

El legado de Mars está en haber construido uno de los mayores imperios privados del consumo global sin abandonar el control familiar. Su historia atraviesa varias etapas del capitalismo moderno: las barras de chocolate vendidas en masa, la expansión internacional de las marcas, el auge de los snacks, la consolidación de los chicles con Wrigley y el crecimiento del negocio de mascotas.

Ese recorrido también muestra una forma particular de poder empresarial. Mars no necesitó convertirse en una compañía ruidosa para estar en todas partes. Creció desde productos pequeños, de compra rápida y precio accesible, pero terminó ocupando espacios decisivos del consumo cotidiano: la góndola de golosinas, la caja del supermercado, el kiosco, la estación de servicio, la veterinaria y el alimento diario de millones de mascotas.

De la cocina de Frank Mars al conglomerado global de M&M’s, Snickers, Wrigley, Pedigree, Whiskas, Royal Canin y Pringles, la empresa construyó una presencia difícil de igualar. Su historia es la de una familia que empezó vendiendo dulces y terminó levantando un imperio discreto, reservado y profundamente influyente en la economía mundial del consumo.

Para seguir explorando la historia empresarial de compañias de consumo, podés leer sobre Hershey, Coca-Cola o Pepsico

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