Las Siete Hermanas

Las Siete Hermanas: las petroleras que dominaron el negocio mundial del petróleo

Durante buena parte del siglo XX, una parte decisiva del petróleo mundial circuló a través de las redes de un reducido grupo de compañías. Sus actividades comenzaban en los grandes yacimientos de Oriente Medio, Venezuela, Indonesia o Estados Unidos y continuaban en oleoductos, terminales, buques tanque, refinerías y estaciones de servicio distribuidas por numerosos países. El control de esos distintos eslabones convirtió a las grandes petroleras internacionales en protagonistas centrales de una economía que dependía cada vez más de los hidrocarburos.

En la década de 1950, el italiano Enrico Mattei, impulsor de la petrolera estatal ENI, popularizó para ellas un nombre que terminaría formando parte de la historia de la industria: las Siete Hermanas. La expresión agrupaba a Standard Oil of New Jersey, Standard Oil of New York, Standard Oil of California, Texaco, Gulf Oil, Royal Dutch Shell y Anglo-Iranian Oil Company, convertida en British Petroleum en 1954. Tres procedían directamente de la antigua Standard Oil de John D. Rockefeller.

Su relación combinaba competencia y cooperación. Cada compañía defendía sus mercados, buscaba nuevas reservas y desarrollaba sus propias redes comerciales, pero al mismo tiempo compartían concesiones, participaban en empresas conjuntas y establecían acuerdos que permitían ordenar la producción y reducir una competencia capaz de derrumbar los precios. De esa combinación surgió uno de los sistemas empresariales más influyentes de la economía mundial de posguerra.

De Standard Oil a las grandes petroleras internacionales

El origen de las Siete Hermanas se remonta a la transformación que experimentó la industria durante las primeras décadas del siglo XX. En Estados Unidos, la disolución de Standard Oil en 1911 produjo numerosas compañías independientes. Entre ellas se encontraban Standard Oil of New Jersey —conocida durante décadas como Jersey Standard o Esso—, Standard Oil of New York —Socony— y Standard Oil of California —Socal—. Las tres desarrollarían extensas operaciones internacionales.

Junto a ellas crecieron Texaco y Gulf Oil, surgidas durante la expansión petrolera estadounidense de comienzos de siglo. Fuera de Estados Unidos, Royal Dutch Shell había consolidado desde 1907 una estructura anglo-neerlandesa con intereses que se extendían desde Asia hasta Europa, mientras que la Anglo-Persian Oil Company se convirtió en una de las principales compañías vinculadas a los yacimientos de Persia. El gobierno británico adquirió una participación de control en esta última antes de la Primera Guerra Mundial, cuando el petróleo comenzaba a adquirir una importancia estratégica creciente.

El resultado fue una industria formada por empresas de enormes dimensiones, dotadas de capital, conocimiento técnico, capacidad logística y presencia internacional. El verdadero salto llegaría cuando esas capacidades comenzaron a conectarse con las grandes reservas descubiertas fuera de los centros industriales tradicionales.

1928: acuerdos para organizar un mercado en expansión

Durante la década de 1920, la industria petrolera convivía con un problema recurrente: los descubrimientos y el aumento de la producción podían avanzar con mayor rapidez que la demanda. Una expansión desordenada de la oferta presionaba sobre los precios y reducía la rentabilidad de las inversiones realizadas en pozos, refinerías y transporte.

En 1928, dirigentes de Standard Oil of New Jersey, Royal Dutch Shell y Anglo-Persian Oil Company se reunieron en el castillo escocés de Achnacarry. De allí surgieron principios de cooperación conocidos como Acuerdo de Achnacarry o As-Is Agreement. La idea central consistía en conservar aproximadamente las posiciones existentes en los mercados internacionales, coordinar suministros y aprovechar las instalaciones disponibles antes de realizar nuevas inversiones. Con el tiempo, otras grandes compañías participaron de mecanismos inspirados en esos principios.

Ese mismo año se firmó otro acuerdo fundamental, relacionado esta vez con la explotación petrolera de Oriente Medio: el Acuerdo de la Línea Roja. Su punto de partida era la Turkish Petroleum Company (TPC), una sociedad creada años antes para desarrollar yacimientos en los antiguos territorios otomanos. En 1928, la compañía quedó repartida entre cuatro grandes grupos: Anglo-Persian Oil Company, Royal Dutch Shell, la francesa Compagnie Française des Pétroles y la Near East Development Corporation, un consorcio de empresas estadounidenses. Cada uno recibió el 23,75 % del capital y el 5 % restante quedó en manos de Calouste Gulbenkian.

Gulbenkian era un empresario y negociador de origen armenio que había participado durante años en la formación de alianzas entre intereses petroleros europeos y otomanos. Su conocimiento de Oriente Medio y sus vínculos con gobiernos y compañías internacionales le habían permitido desempeñar un papel central en la creación y reorganización de la Turkish Petroleum Company. Su capacidad para conservar aquella participación accionaria durante las sucesivas reorganizaciones de la compañía terminaría dándole el sobrenombre de “Mr. Five Percent”.

Un año después, la Turkish Petroleum Company adoptó el nombre de Iraq Petroleum Company. El Acuerdo de la Línea Roja regulaba también la actuación de sus socios fuera de la propia compañía. Los participantes se comprometían a desarrollar conjuntamente los nuevos negocios petroleros que emprendieran dentro de una extensa zona que comprendía buena parte de los antiguos territorios del Imperio otomano. La fórmula vinculó así a varias de las mayores petroleras internacionales en la búsqueda y explotación de las reservas de Oriente Medio.

Achnacarry y la Línea Roja representaban mecanismos distintos, pero ambos reflejaban una característica que acompañaría durante décadas a la industria: las grandes empresas podían competir por concesiones y mercados y, al mismo tiempo, compartir riesgos, infraestructura y producción cuando sus intereses coincidían.

El poder de controlar toda la cadena petrolera

Las Siete Hermanas construyeron su posición mediante un modelo de integración vertical. El sistema tenía un antecedente directo en Standard Oil, que desde finales del siglo XIX había extendido sus actividades desde la refinación hacia el transporte, los oleoductos, el almacenamiento, la comercialización y la propia producción de petróleo. Varias de las compañías surgidas de su disolución conservaron y desarrollaron esa forma de organización.

En las grandes petroleras internacionales, una misma empresa podía participar en la exploración de un yacimiento, extraer el crudo, transportarlo por oleoducto o barco, refinarlo y finalmente vender gasolina, queroseno, lubricantes y otros derivados.

Esa estructura proporcionaba una ventaja decisiva. Un barril producido en Oriente Medio podía pasar de una subsidiaria productora a otra encargada del transporte, llegar posteriormente a una refinería perteneciente al mismo grupo y terminar en una estación de servicio de la compañía. Las operaciones internacionales formaban parte de una única red empresarial.

La escala alcanzada fue extraordinaria. Una síntesis basada en los estudios de la economista Edith Penrose calcula que en 1950 las siete grandes compañías controlaban alrededor del 85 % de la producción de crudo fuera de Estados Unidos, Canadá, la Unión Soviética y China. Su participación también era muy elevada en refinación, transporte y comercialización.

Las concesiones constituían la puerta de entrada a muchas de esas reservas. Los gobiernos otorgaban derechos de exploración y explotación a cambio de pagos, regalías e impuestos, mientras las compañías aportaban capital, tecnología y acceso a los mercados internacionales. A medida que aumentaron la producción y los ingresos petroleros, los países productores comenzaron a negociar una participación económica cada vez mayor.

Arabia Saudita, Irán y el cambio en las concesiones

Arabia Saudita ofrece uno de los ejemplos más importantes de esa evolución. En 1933, el gobierno saudí otorgó una concesión petrolera a Standard Oil of California (Socal). Para desarrollar el proyecto, la compañía creó una subsidiaria específica, la California Arabian Standard Oil Company (CASOC).

Tres años después, Texaco adquirió la mitad de CASOC y ambas empresas pasaron a compartir el negocio saudí. El descubrimiento de petróleo en cantidades comerciales llegó en 1938, en Dammam, y el crecimiento posterior de la explotación llevó a que CASOC adoptara en 1944 el nombre Arabian American Oil Company, Aramco.

La estructura accionaria volvió a ampliarse en 1948, cuando se incorporaron Standard Oil of New Jersey y Socony-Vacuum. Aramco quedó entonces en manos de cuatro de las Siete Hermanas: Socal, Texaco y Jersey Standard con un 30 % cada una, y Socony-Vacuum con el 10 % restante. La asociación reunía capital, experiencia técnica y, especialmente, amplias redes capaces de colocar en los mercados internacionales el creciente volumen de petróleo saudí.

El descubrimiento de grandes reservas modificó rápidamente el valor económico de aquellas concesiones. En 1950, Arabia Saudita y Aramco acordaron un sistema que otorgaba al Estado saudí aproximadamente la mitad de los beneficios netos generados por la explotación. El esquema seguía un precedente desarrollado anteriormente en Venezuela y se extendió posteriormente por otros países productores de Oriente Medio.

Irán protagonizó otra transformación decisiva. Después de que el gobierno de Mohammad Mossadegh nacionalizara en 1951 los activos de Anglo-Iranian Oil Company, la industria petrolera iraní atravesó una prolongada crisis. Tras la caída de Mossadegh en 1953, un nuevo acuerdo firmado en 1954 organizó la explotación mediante un consorcio internacional.

Su composición muestra hasta qué punto las grandes petroleras estaban conectadas entre sí. Anglo-Iranian conservó el 40 %; Royal Dutch Shell obtuvo el 14 %; Compagnie Française des Pétroles recibió el 6 %, y Standard Oil of New Jersey, Socony-Vacuum, Standard Oil of California, Gulf Oil y Texaco recibieron inicialmente un 8 % cada una. Las siete compañías identificadas posteriormente como las Siete Hermanas participaban así en el mismo negocio iraní.

Enrico Mattei y un competidor dispuesto a cambiar las reglas

Fue precisamente durante esa década cuando Enrico Mattei comenzó a desafiar la estructura tradicional del mercado.

La Italia de posguerra necesitaba cantidades crecientes de energía para sostener su reconstrucción industrial. Los descubrimientos de gas realizados por Agip en el valle del Po ayudaban a cubrir parte de esa demanda, pero el país seguía dependiendo del petróleo importado. En 1953, Mattei impulsó la creación de ENI, una empresa estatal capaz de buscar yacimientos y negociar directamente con los países productores.

Su estrategia consistió en ofrecer condiciones contractuales más atractivas y una participación más activa a los Estados anfitriones. En Egipto, durante la segunda mitad de la década de 1950, ENI introdujo fórmulas de asociación que aumentaban sustancialmente la participación económica del país productor y lo incorporaban al desarrollo de los proyectos.

En ese contexto Mattei comenzó a referirse irónicamente a las grandes compañías establecidas como “las Siete Hermanas”. La expresión condensaba su crítica a un sector en el que unas pocas empresas poseían ventajas acumuladas durante décadas: concesiones, capital, refinerías, flotas petroleras, redes comerciales y relaciones empresariales internacionales. El término sobrevivió a Mattei y terminó convirtiéndose en una categoría habitual para describir aquella etapa de la industria.

ENI también representaba un fenómeno más amplio. Nuevas compañías independientes y empresas estatales comenzaron a disputar espacios que hasta entonces habían estado ocupados principalmente por las grandes petroleras angloestadounidenses.

La OPEP y el desplazamiento del centro de poder

La transformación se aceleró a finales de la década de 1950. Los ingresos de muchos países productores dependían de los llamados precios publicados del petróleo, utilizados como referencia para calcular impuestos y regalías. Cuando las compañías internacionales redujeron esos precios en 1959 y nuevamente en 1960, los gobiernos productores respondieron coordinando posiciones.

En septiembre de 1960, representantes de Irán, Irak, Kuwait, Arabia Saudita y Venezuela se reunieron en Bagdad y crearon la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP). El objetivo era coordinar las políticas petroleras de sus miembros y fortalecer su capacidad de negociación frente a las compañías internacionales.

El equilibrio fue modificándose durante la década siguiente. Los Estados productores adquirieron participaciones directas en las explotaciones, desarrollaron compañías nacionales y renegociaron concesiones. El proceso alcanzó especial intensidad durante los años setenta.

Arabia Saudita siguió una vía gradual. El gobierno adquirió el 25 % de Aramco en 1973, elevó su participación al 60 % en 1974 y alcanzó el control completo en 1980. Ocho años después se creó formalmente Saudi Aramco para asumir las operaciones.

Procesos semejantes, con ritmos y modalidades diferentes, se desarrollaron en otros productores. El petróleo que durante la posguerra había estado gestionado principalmente mediante concesiones otorgadas a multinacionales pasó crecientemente a manos de empresas estatales.

La crisis petrolera de 1973 hizo visible ese cambio, pero el desplazamiento llevaba años desarrollándose. El centro de decisión de la industria comenzó a trasladarse desde las grandes compañías internacionales hacia los gobiernos productores y sus compañías nacionales.

De siete compañías a cuatro grandes herederas

Las antiguas Siete Hermanas siguieron ocupando un lugar central en el negocio petrolero, aunque el sector comenzó a experimentar una nueva concentración mediante fusiones y adquisiciones.

Standard Oil of New Jersey adoptó el nombre Exxon en 1972. Socony, después de varias transformaciones, se había convertido en Mobil. En 1999 ambas compañías se fusionaron y formaron ExxonMobil, reuniendo nuevamente dentro de una misma corporación a dos grandes descendientes de Standard Oil.

Standard Oil of California evolucionó hacia Chevron. En 1984 adquirió Gulf Oil, y en 2001 se fusionó con Texaco. De esta manera, tres de las antiguas Siete Hermanas terminaron integradas dentro del actual grupo Chevron.

Las otras dos líneas empresariales principales continuaron bajo BP y Shell. El mapa corporativo que alguna vez estuvo compuesto por siete grandes compañías quedó concentrado, a través de sucesivas reorganizaciones, en cuatro grandes grupos herederos: ExxonMobil, Chevron, BP y Shell.

Para entonces, sin embargo, también había cambiado la estructura del negocio petrolero mundial. Saudi Aramco, National Iranian Oil Company, Kuwait Petroleum, ADNOC y otras compañías nacionales habían pasado a controlar directamente buena parte de las reservas de sus países. Las antiguas multinacionales mantuvieron enormes capacidades financieras, tecnológicas, industriales y comerciales, pero comenzaron a negociar desde una posición diferente con los Estados propietarios de los recursos.

El sistema construido durante la primera mitad del siglo XX dejó una influencia duradera en la organización empresarial de la industria. La explotación mediante grandes consorcios, la distribución del riesgo entre varias compañías y la integración de producción, transporte, refinación y comercialización continuaron formando parte del negocio petrolero mucho después de que desapareciera el equilibrio que había dado origen a las Siete Hermanas.

Para seguir explorando la historia económica y empresarial del mundo, podés leer la Historia de la Industria Petrolera.

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