Paul Allen

Paul Allen: el cofundador de Microsoft que llevó su fortuna hacia nuevos territorios

Paul Allen quedó durante años detrás de la figura pública de Bill Gates, pero su papel en el nacimiento de Microsoft fue mucho más importante que el de un acompañante. Identificó la oportunidad abierta por las primeras microcomputadoras, impulsó el desarrollo del producto que dio origen a la empresa, propuso su nombre y participó en la operación que permitió a Microsoft suministrar un sistema operativo a IBM.

Su salida temprana hizo que no condujera la expansión de Windows y Office, la etapa que convirtió a Microsoft en una compañía dominante. También le permitió construir una trayectoria diferente. Allen utilizó la fortuna generada por sus acciones para invertir en comunicaciones, deportes, ciencia, cultura y exploración. Algunos proyectos produjeron negocios duraderos; otros consumieron grandes sumas sin alcanzar sus objetivos. En conjunto, muestran la carrera de un empresario más interesado en anticipar posibilidades que en concentrarse en una sola industria.

Una sociedad nacida en Lakeside

Paul Gardner Allen nació el 21 de enero de 1953 en Seattle. Su padre trabajaba en la biblioteca de la Universidad de Washington y su madre era maestra. En la escuela Lakeside conoció a Bill Gates, dos años menor, cuando ambos comenzaron a utilizar una terminal conectada a una computadora central.

El acceso era costoso y limitado. Allen, Gates y otros estudiantes aprendieron a programar mientras buscaban formas de obtener más tiempo de uso. Analizaron errores, realizaron trabajos para empresas y participaron en proyectos que los obligaron a resolver problemas fuera del aula. La relación se construyó sobre habilidades complementarias: Allen tendía a observar hacia dónde avanzaba la tecnología, mientras Gates se concentraba en convertir una idea en un producto competitivo y comercialmente defendible.

En 1972 crearon Traf-O-Data, una pequeña empresa destinada a procesar la información de los contadores de tránsito. El sistema utilizaba un microprocesador Intel 8008 para leer datos que hasta entonces requerían un tratamiento más laborioso. El negocio tuvo resultados modestos, pero ofreció una experiencia temprana en la relación entre hardware, software y clientes públicos.

Allen ingresó en la Universidad Estatal de Washington y la abandonó después de dos años. Más tarde trabajó como programador en Honeywell, cerca de Boston, mientras Gates estudiaba en Harvard. La proximidad permitió que continuaran imaginando proyectos conjuntos hasta que una portada de revista les mostró el mercado que estaban esperando.

El Altair 8800 y la creación de Micro-Soft

A comienzos de 1975, Allen encontró el Altair 8800 en Popular Electronics. La máquina se vendía como un equipo para montar y carecía de las herramientas que podían convertirla en una plataforma accesible para programadores. Allen llevó la revista hasta Gates y sostuvo que la era de las microcomputadoras había comenzado.

Ambos ofrecieron a MITS, el fabricante del Altair, una versión del lenguaje BASIC que todavía no habían completado. Trabajaron con Monte Davidoff en un intérprete desarrollado mediante una simulación del microprocesador, porque no disponían de la computadora. Allen viajó a Albuquerque con el programa y realizó la demostración. El resultado funcionó y MITS aceptó distribuirlo como Altair BASIC.

Allen se incorporó a la compañía de Albuquerque y Gates dejó gradualmente Harvard para sumarse. El 4 de abril de 1975 fundaron su propia empresa. Allen propuso el nombre Micro-Soft, una combinación de microcomputadora y software que pronto perdería el guion.

En esa primera etapa, Allen no fue solamente quien detectó la oportunidad. Trabajó en el desarrollo técnico, sostuvo la relación con MITS y ayudó a ampliar la oferta hacia otras máquinas. Microsoft comenzó vendiendo lenguajes de programación en un mercado fragmentado, donde cada fabricante utilizaba equipos y sistemas diferentes. Su objetivo era colocar software en la mayor cantidad posible de plataformas.

La relación con MITS terminó en una disputa por el control de BASIC. Un arbitraje permitió a Microsoft recuperar la capacidad de comercializar el programa por su cuenta. La resolución fue fundamental: liberó a la empresa de la dependencia de su primer cliente y confirmó el valor de conservar los derechos sobre el software.

El sistema operativo de IBM

Microsoft se trasladó desde Albuquerque hacia el estado de Washington en 1979. Al año siguiente, IBM se acercó a la empresa mientras preparaba su computadora personal. La operación exigía un sistema operativo que Microsoft todavía no poseía.

La solución surgió cerca de Seattle. Seattle Computer Products había desarrollado QDOS, más tarde llamado 86-DOS, para equipos basados en el procesador Intel 8086. Allen tuvo un papel central en la adquisición de sus derechos y Microsoft adaptó el programa para la nueva computadora de IBM. La empresa lo entregó como PC DOS y conservó la posibilidad de ofrecer MS-DOS a otros fabricantes.

La decisión convirtió un contrato importante en una plataforma de crecimiento. Cuando aparecieron computadoras compatibles con la IBM PC, sus fabricantes necesitaron un sistema operativo capaz de ejecutar los mismos programas. Microsoft pudo licenciar MS-DOS a cada uno de ellos y beneficiarse de la expansión del mercado sin fabricar los equipos.

El éxito también intensificó las tensiones entre los fundadores. Gates había recibido desde el comienzo una participación mayor y, a medida que la empresa crecía, surgieron desacuerdos sobre el reparto del capital y el reconocimiento de las contribuciones. Allen relataría años después que escuchó a Gates y Steve Ballmer discutir una posible reducción de su participación mientras se encontraba enfermo. Gates reconoció que la conversación ocurrió, aunque las diferencias nunca borraron la sociedad que habían construido.

La enfermedad y una salida temprana

En 1982, Allen fue diagnosticado con enfermedad de Hodgkin. El tratamiento y el deterioro de la relación interna lo llevaron a abandonar sus funciones cotidianas en 1983. Tenía treinta años y Microsoft aún no había lanzado la primera versión de Windows.

Allen mantuvo sus acciones y permaneció en el consejo de administración hasta 2000. Esa decisión fue económicamente decisiva. Mientras Gates dirigía la expansión de Windows y Office, el valor de Microsoft creció y convirtió la participación de su cofundador en una de las mayores fortunas del mundo. Allen no necesitó construir una segunda empresa de escala semejante para financiar sus proyectos posteriores: el capital procedía del negocio que había ayudado a crear y del que se había retirado antes de su etapa más conocida.

La distancia con Gates se redujo con el tiempo. Volvieron a compartir iniciativas y conservaron una relación personal, aunque sus carreras tomaron direcciones distintas. Gates permaneció asociado a la gestión y al control de una gran organización. Allen se transformó en inversor, propietario y patrocinador de proyectos diversos.

Los proyectos de Paul Allen

Vulcan y la búsqueda del mundo conectado

En 1986, Paul Allen y su hermana Jody crearon Vulcan, la organización desde la cual administraron inversiones, propiedades y proyectos filantrópicos. Allen creía que las computadoras, las telecomunicaciones y el entretenimiento terminarían convergiendo. Buena parte de sus decisiones intentó anticipar ese mundo conectado.

Invirtió en redes de cable y banda ancha, con una participación especialmente importante en Charter Communications. También respaldó empresas de contenidos, servicios de Internet y nuevas tecnologías. La estrategia tenía una intuición correcta sobre el crecimiento de las redes digitales, pero no todos los negocios ofrecieron los resultados esperados. Las elevadas deudas del sector del cable y el estallido de la burbuja tecnológica afectaron varias de sus inversiones.

En 1992 fundó Interval Research, un laboratorio dedicado a investigar nuevas interfaces, comunicaciones y formas de entretenimiento digital. El centro reunió especialistas y generó patentes, aunque cerró en 2000 sin convertirse en la fuente de grandes productos comerciales que Allen imaginaba. Parte de su cartera tecnológica derivó posteriormente en litigios por patentes, una práctica criticada por empresas que consideraban demasiado amplias algunas de las reclamaciones.

La trayectoria de Vulcan muestra la diferencia entre detectar una tendencia y capturar su valor. Allen anticipó con frecuencia la convergencia entre medios, comunicaciones y computación, pero los proyectos que exploraban esas fronteras no siempre encontraron un modelo de negocio sostenible.

Deportes, ciudades y activos de largo plazo

Allen también destinó capital a equipos deportivos vinculados con el noroeste de Estados Unidos. Compró los Portland Trail Blazers de la NBA en 1988 y los Seattle Seahawks de la NFL en 1997, cuando existía el riesgo de que la franquicia abandonara la ciudad. Más tarde participó en la propiedad de los Seattle Sounders de la liga de fútbol estadounidense.

Estas inversiones combinaban negocio, identidad regional e infraestructura. Los equipos profesionales pueden aumentar de valor por la escasez de franquicias, los derechos audiovisuales y la expansión de las ligas, pero también dependen de estadios, acuerdos públicos y una relación duradera con sus comunidades. Bajo su propiedad, los Seahawks ganaron su primer Super Bowl en 2014. Tras su muerte, los equipos quedaron bajo la administración de su patrimonio, encabezado por Jody Allen.

El impacto urbano de sus inversiones no se limitó al deporte. Vulcan participó en la transformación de South Lake Union, una zona de Seattle que se convirtió en un centro de empresas tecnológicas y biotecnológicas. El desarrollo aumentó el valor de las propiedades y contribuyó al crecimiento económico del área, al mismo tiempo que formó parte de los procesos de encarecimiento y cambio urbano que acompañaron la expansión tecnológica de la ciudad.

Ciencia, espacio y exploración

La fortuna de Allen financió proyectos que difícilmente podían evaluarse mediante un retorno inmediato. En 2003 inauguró el Allen Institute for Brain Science para producir herramientas y datos abiertos sobre el cerebro. A esa iniciativa se sumaron institutos dedicados a la biología celular y la inteligencia artificial. El objetivo era reunir equipos estables, financiar investigación de largo plazo y compartir recursos que pudieran ser utilizados por científicos de otras instituciones.

En el sector espacial respaldó a Burt Rutan y el desarrollo de SpaceShipOne, la primera nave privada tripulada que alcanzó el espacio y obtuvo el Ansari X Prize en 2004. Más tarde creó Stratolaunch, concebida para lanzar vehículos espaciales desde un enorme avión. El aparato realizó su primer vuelo en 2019, después de la muerte de Allen, y el proyecto atravesó cambios de orientación que reflejaron la dificultad de convertir una proeza de ingeniería en un negocio espacial viable.

Allen financió además expediciones oceanográficas que localizaron embarcaciones hundidas y promovió iniciativas de conservación ambiental. Su relación con la música dio origen al museo que hoy se conoce como Museum of Pop Culture en Seattle. Estas actividades podían parecer dispersas, pero respondían a una constante: utilizar capital privado para construir instituciones, colecciones e instrumentos capaces de explorar áreas que le interesaban personalmente.

Filantropía, patrimonio y legado

Paul Allen donó más de 2.000 millones de dólares durante su vida. Sus aportes alcanzaron la investigación médica, la educación, la conservación, las artes y las respuestas a emergencias sanitarias. A diferencia de una fundación concentrada en un único problema, su filantropía reprodujo la amplitud de sus intereses.

En 2009 fue tratado por un linfoma no Hodgkin. La enfermedad reapareció en 2018 y Allen murió el 15 de octubre de ese año, a los 65 años. Su hermana Jody quedó a cargo de ejecutar el patrimonio y administrar una red de activos que incluía equipos deportivos, propiedades, institutos científicos, obras de arte e inversiones.

La diversidad de su legado dificulta resumirlo como el del “socio silencioso” de Bill Gates. Allen fue quien vio en el Altair la señal de que las microcomputadoras estaban listas para convertirse en una industria y ayudó a que Microsoft ocupara un lugar central en ella. Su salida temprana lo apartó del dominio posterior de Windows, pero la propiedad que conservó le dio los recursos para ensayar otra forma de emprendimiento.

Microsoft demostró el valor de concentrarse en una plataforma y defenderla durante años. La carrera posterior de Allen siguió el camino inverso: distribuir capital entre ideas, instituciones y activos muy diferentes. Hubo aciertos, fracasos y proyectos cuyo resultado no puede medirse solamente en dinero. Esa combinación convierte su trayectoria en una historia sobre la riqueza tecnológica y sobre las múltiples direcciones que puede tomar una fortuna después de haber sido creada.

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