Merck en la historia

Merck: la farmacia alemana que terminó dividida en dos gigantes de la ciencia

La historia de Merck es una de las más singulares de la industria farmacéutica mundial. No solo permite recorrer el paso de la botica artesanal al laboratorio moderno, sino también la forma en que la ciencia, la guerra, las patentes y la expansión internacional pueden transformar el destino de una empresa. Nacida en Alemania en el siglo XVII, la marca quedó partida por la historia: hoy existen dos compañías distintas, con una raíz común, que usan el nombre Merck en diferentes regiones del mundo.

Una farmacia familiar en Darmstadt

El origen se remonta a 1668, cuando Friedrich Jacob Merck recibió autorización para operar una farmacia en Darmstadt, en el actual territorio alemán. Aquel negocio pertenecía todavía a un mundo anterior a la industria farmacéutica moderna. El farmacéutico era comerciante, preparador de remedios y conocedor de sustancias medicinales, en una economía donde la medicina dependía de fórmulas artesanales, plantas, minerales y compuestos preparados en pequeña escala.

Durante generaciones, la familia mantuvo la farmacia y consolidó una continuidad poco frecuente. Esa permanencia es una de las claves del caso. Merck no nació como una empresa industrial, sino como un negocio familiar de conocimiento aplicado, construido alrededor de la confianza, la preparación de sustancias y la reputación local. Con el tiempo, esa base permitió dar el salto hacia la química farmacéutica.

La gran transformación llegó en el siglo XIX con Emanuel Merck. En 1816 tomó la conducción de la farmacia familiar y, en 1827, anunció la producción de alcaloides en gran escala. Ese paso fue decisivo: la empresa dejó de limitarse a preparar remedios para su entorno inmediato y comenzó a ofrecer sustancias purificadas, estandarizadas y comercializables en mercados más amplios. La botica empezó a convertirse en fábrica científica.

Química, alcaloides y nacimiento de la farmacéutica moderna

El siglo XIX fue una etapa decisiva para la química alemana. La medicina necesitaba compuestos más confiables, reproducibles y medibles. Los laboratorios buscaban aislar principios activos de origen vegetal y producirlos con calidad constante. En ese contexto, Merck encontró un lugar estratégico: proveer sustancias químicas de alta pureza para médicos, investigadores y otros laboratorios.

La empresa se expandió desde Darmstadt hacia mercados europeos y luego hacia Estados Unidos. Esa expansión no respondía solamente a una lógica comercial, sino también científica. Los productos químicos y farmacéuticos exigían reputación técnica. En un negocio donde la pureza de una sustancia podía modificar un tratamiento médico o una investigación, la confianza era un activo económico central.

Como parte de ese universo químico, Merck también produjo cocaína en el siglo XIX. La sustancia, aislada a partir de la hoja de coca, era entonces un alcaloide farmacéutico legal, utilizado e investigado por sus posibles aplicaciones médicas. Uno de sus usos más importantes fue la anestesia local: el oftalmólogo Carl Koller empleó cocaína provista por Merck de Darmstadt en sus experimentos sobre anestesia ocular, un avance relevante para la cirugía moderna.

La relación entre Merck y la cocaína también dejó una derivación cultural discutida. En Argentina circula la versión de que la palabra “merca”, usada popularmente para referirse a la cocaína, proviene del apellido Merck, por la presencia histórica del laboratorio alemán en la producción farmacéutica de esa sustancia.

El salto a Estados Unidos y la ruptura de la Primera Guerra Mundial

La expansión internacional llevó a la compañía hacia Estados Unidos. En 1887 se abrió una oficina en Nueva York y, en 1891, la filial norteamericana quedó establecida como una operación con identidad propia. La decisión tenía sentido económico: el mercado estadounidense crecía, la demanda médica aumentaba y la fabricación local permitía reducir la dependencia de importaciones europeas.

Esa continuidad quedó quebrada por la Primera Guerra Mundial. Cuando Estados Unidos ingresó al conflicto en 1917, la filial norteamericana fue expropiada como activo enemigo. A partir de ese momento comenzó una separación empresarial que marcaría toda la historia posterior de la marca. La compañía alemana siguió su camino desde Darmstadt. La empresa estadounidense, por su parte, se desarrolló como Merck & Co.

La división generó una situación inusual. En Estados Unidos y Canadá, el nombre Merck suele referirse a Merck & Co. En buena parte del resto del mundo, en cambio, identifica al grupo alemán Merck KGaA. Por eso la farmacéutica estadounidense opera internacionalmente como MSD, sigla derivada de Merck Sharp & Dohme. Una misma raíz terminó dando origen a dos compañías separadas, con negocios, estrategias y territorios de marca diferentes.

Merck KGaA: del laboratorio familiar al grupo científico-industrial

La rama alemana conservó el vínculo histórico con Darmstadt y con la familia fundadora. En 1995 adoptó la estructura de KGaA, una sociedad comanditaria por acciones que permitió abrirse al mercado de capitales sin romper por completo el control familiar. Esa fórmula combinó tradición patrimonial con financiación moderna: la empresa podía acceder a recursos para crecer, pero manteniendo una continuidad histórica poco común en grandes compañías globales.

Más tarde, la compra de Serono en 2007 reforzó el negocio biofarmacéutico, mientras que las adquisiciones de Millipore en 2010 y Sigma-Aldrich en 2015 ampliaron la presencia de Merck KGaA en un terreno distinto al del medicamento terminado: el de los insumos, herramientas y materiales utilizados por laboratorios, universidades, biotecnológicas y fabricantes farmacéuticos.

Con esas operaciones, la compañía alemana dejó de ser vista únicamente como una farmacéutica tradicional. Una parte de su negocio desarrolla y comercializa medicamentos; otra abastece a quienes investigan, prueban y producen nuevos tratamientos; y una tercera participa en materiales especializados para semiconductores, pantallas y otras aplicaciones tecnológicas. Esa combinación explica por qué Merck KGaA ocupa hoy un lugar particular: no es solo una empresa de medicamentos, sino un grupo científico-industrial construido sobre la química, la biotecnología y los materiales avanzados.

La division de Merck

Merck & Co. y el desarrollo de la gran farmacéutica estadounidense

La rama norteamericana siguió otra trayectoria. Merck & Co. fue fundada formalmente en Estados Unidos el 1 de enero de 1891 por George Merck, inicialmente para distribuir químicos finos en Nueva York y sus alrededores. Con el tiempo se convirtió en una de las grandes farmacéuticas del mundo, apoyada en investigación, vacunas, medicamentos de prescripción y salud animal.

La publicación del Merck Manual en 1899 también ayudó a fortalecer su prestigio profesional. No era solo una pieza comercial, sino una herramienta de referencia médica que reforzaba la asociación entre la marca y el conocimiento científico. En una industria donde la confianza del cuerpo médico era decisiva, ese tipo de publicación tenía valor económico y simbólico.

Durante el siglo XX, la empresa estadounidense construyó su identidad alrededor de la investigación farmacológica. En 1933 creó su laboratorio de investigación en Rahway, con divisiones dedicadas a investigación pura, terapéutica y aplicada. En 1953, la fusión con Sharp & Dohme dio origen a Merck Sharp & Dohme, nombre que explica la sigla MSD utilizada fuera de Estados Unidos y Canadá. Esa operación combinó capacidad química, desarrollo farmacéutico, presencia comercial e infraestructura internacional.

Medicamentos emblemáticos: antibióticos, vacunas e inmunoterapia

La trayectoria de MSD dejó varios productos relevantes en la historia de la medicina moderna. La estreptomicina fue decisiva en la lucha contra la tuberculosis y mostró la importancia de los antibióticos en el siglo XX. La cortisona reflejó el avance de la química farmacéutica en tratamientos antiinflamatorios y hormonales. La vacuna M-M-R contra sarampión, paperas y rubéola reforzó el lugar de la compañía en el campo de la inmunización.

También hubo productos importantes desde el punto de vista económico. Lovastatina abrió una etapa clave en el tratamiento del colesterol al convertirse en la primera estatina aprobada comercialmente. Más tarde, el programa Mectizan, basado en ivermectina para combatir la oncocercosis o ceguera de los ríos, le dio a MSD una dimensión sanitaria global, especialmente en regiones pobres donde esa enfermedad causaba daños severos en comunidades enteras.

En años más recientes, Gardasil colocó a la empresa en el centro de la prevención del virus del papiloma humano y de ciertos tipos de cáncer asociados a esa infección.

Keytruda, por su parte, transformó el perfil económico de MSD. El tratamiento oncológico basado en inmunoterapia pasó a representar cerca de la mitad de sus ingresos globales y se convirtió en una de las piezas más valiosas de la industria farmacéutica contemporánea. Su éxito muestra el peso que un solo medicamento puede alcanzar cuando combina innovación científica, protección de patentes, aprobación regulatoria y demanda médica global.

Vioxx y el costo empresarial de un retiro histórico

La historia de MSD también incluye episodios problemáticos. El más importante fue Vioxx, nombre comercial de rofecoxib, un antiinflamatorio lanzado a fines de los años noventa para tratar dolor y enfermedades como la artritis. El medicamento pertenecía a una nueva generación de fármacos conocidos como inhibidores de la COX-2, presentados como una alternativa eficaz frente a antiinflamatorios tradicionales y con menor riesgo de ciertos efectos gastrointestinales.

Vioxx se convirtió rápidamente en un producto de gran escala, pero en 2004 Merck lo retiró del mercado después de que un estudio señalara un aumento del riesgo de eventos cardiovasculares en pacientes que lo usaban durante períodos prolongados. El retiro abrió una crisis legal y reputacional para la compañía, con miles de demandas y fuertes costos económicos. Dentro de la historia empresarial de Merck & Co., Vioxx quedó como el reverso de sus grandes éxitos farmacéuticos: un medicamento rentable y ampliamente difundido que terminó convertido en uno de los casos más recordados de retiro de producto en la industria farmacéutica moderna.

Una marca partida por la historia

El caso Merck condensa varios procesos de la economía moderna. Muestra cómo una farmacia familiar pudo transformarse en empresa científica; cómo la química del siglo XIX abrió el camino para la industria farmacéutica; cómo la guerra alteró la propiedad de una marca internacional; y cómo la investigación biomédica se convirtió en uno de los negocios centrales del capitalismo contemporáneo.

La empresa alemana conservó el vínculo con Darmstadt y evolucionó hacia un grupo diversificado, con presencia en salud, ciencias de la vida y materiales tecnológicos. La estadounidense, separada por la Primera Guerra Mundial, construyó su camino como una de las grandes farmacéuticas globales, apoyada en medicamentos innovadores, vacunas, salud animal y tratamientos de enorme valor comercial.

Por eso Merck no es solo una historia de medicamentos. Es también una historia sobre conocimiento convertido en capital, sobre nombres comerciales que cambian de significado según el país y sobre empresas que nacen en un laboratorio, pero terminan reflejando los grandes movimientos de la economía global. Desde una farmacia alemana del siglo XVII hasta la biotecnología, los tratamientos oncológicos y los materiales para la industria tecnológica, su recorrido muestra cómo la ciencia se transformó en poder empresarial.

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